«Sánchez Llibre hizo un cierto trabajo de mediación, muy necesario. Cuando alguien decía yo me levanto, él conseguía que siguiera.»
Francisco Caamaño
Secretario de Estado de Relaciones con las Cortes
«La jugada es esta: Maragall tiene el aval de Zapatero, aunque el presidente del Gobierno español sabe que el Estatut se reformará en Madrid, como ya pasó con el Estatut de Sau (1979) y el de Núria (1932). Zapatero sabía que si no daba el aval y no aceptaba nuestras propuestas –que significaban aprobar el Estatut– todo sería un fracaso personal. El mismo jueves 29 por la mañana yo hablé en el Congreso de los Diputados con algunos diputados importantes del PSOE, como Alfonso Guerra y Txiqui Benegas, que me preguntaron:
»–Oye, ¿se va a aprobar el Estatut o qué?
»–No creo que aceptéis nuestros planteamientos –les contesté.
»–Hombre, tú ya sabes que una cosa es el posible acuerdo en el Parlamento de Cataluña y otra la tramitación en las Cortes Generales.
»–En teoría, el presidente dijo que aceptaría lo que saliera del Parlament, pero yo no lo veo nada claro, la verdad –respondí, porque en ese momento pensaba que no había nada que hacer. La cosa no pintaba muy bien, la verdad. Y desde Madrid todo se veía aún más negro.»